Creo que hasta ahora no se ha mencionado la circunstancia que
cuando tenía Hawthorne casi concluida la novela, leyó lo escrito a su esposa, y
preguntándole ésta cuál sería el desenlace, obtuvo por toda respuesta:
"Realmente no sé." A su cuñada, la Srta. Peabody, le dijo una vez: "La
dificultad no estriba en cómo decir las cosas, sino en lo que se ha de
decir," significando con esto, que cuando empezaba a escribir algo, tenía ya el
asunto tan bien estudiado y desenvuelto en su cerebro, que sólo se trataba
entonces de lo que debía elegirse; y fácil es de comprender que, al llegar a la
solución final de un problema dificultoso viéndose arrastrado en diversas
direcciones por los intereses contrarios de los diferentes personajes, vacilase
acerca del desenlace que tenía que dar a la obra.
Cuando se publicó La Letra Escarlata recibió Hawthorne
numerosas cartas de personas desconocidas que, o habían delinquido, o estaban en
gran peligro de delinquir, y se hallaban padeciendo las consecuencias de su
situación especial. Estas personas se dirigían al autor en solicitud de
consejos, como si se tratara de un amigo experimentado, o de un antiguo y
venerable confesor.