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"... y os daré el Anillo Único, si vos me lo pedís. Para mí es
algo demasiado grande
"Te has vengado gentilmente de la prueba a que sometí tu
corazón. Comienzas a ver claro. No niego que mi corazón ha deseado pedirte lo
que ahora me ofreces. Durante muchos años me he preguntado qué haría si el Gran
Anillo llegara alguna vez a mis manos, ¡y mira!, ahora está a mi alcance... En
el lugar del Señor Oscuro instalarás una Reina. ¡Y yo no seré oscura sino
hermosa y terrible..! ¡TERRIBLE COMO LA TEMPESTAD Y EL RELÁMPAGO! MÁS
FUERTE QUE LOS CIMIENTOS DE LA TIERRA
¡TODOS ME AMARÁN Y
DESESPERARÁN..! y enseguida dejó caer la mano,
y la luz se extinguió y ella rió nuevamente de voz dulce y triste.
"He pasado la prueba... -dijo- continuaré siendo
Galadriel."
J. R. R. Tolkien
Poca literatura he encontrado tan clara al respecto. Fuera de
la novelística, los preceptos religiosos no logran asociar a la relación
patológica con el Poder, como un problema central del ser humano, ni siquiera es
mencionado como uno de los pecados fundamentales: "no desearás dominar al resto
de tus prójimos". Poner este tema en la mesa de las reflexiones centrales,
liquidaría las bases estructurales de casi todas las religiones que se vinculan
a los gobiernos, o las que funcionan paralelas a los mismos con sus propios
líderes dispuestos por un ser Divino, o a la luz de sus preceptos. Las teorías
democráticas, y más tarde las socialistas, han sufrido en connotadas
oportunidades el examen práctico del poder, no por falta de interés explícito, o
por medidas preventivas que figuran en estatutos y constituciones ("Mi autoridad
emana de vosotros y ella cesa ante vuestra presencia soberana" J. G. Artigas).
Tal vez nos falte comprender aún más este problema, el cual no nace solamente
por alguna desviación ideológica o de algún ser malvado, sino que, además,
reside en las raíces mismas de nuestra naturaleza. Personalmente no me niego
a pensar que algún día las grandes diferencias de las clases sociales puedan ser
eliminadas y, en consecuencia, el estado deje de definirse como lo hace
actualmente. Pero si la sociedad humana evolucionara hacia esa dirección, la
única forma en que las mencionadas diferencias no reaparezcan (y con ellas los
instrumentos de dominación de unos humanos sobre otros) sería comprendiendo y
resolviendo este problema. No estoy olvidando que el liderazgo es un
acontecimiento indiscutible dentro de la dinámica natural de un grupo humano...
y esta es una materia muy bien estudiada, pero créanme que no es el tema que
estamos abordando. Sería como confundir a una persona que considera dos caminos
a seguir, con un esquizofrénico.
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Consiga ¿Qué queda del genoma humano y para qué? de Guillermo Bernengo en esta página.
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